Escucha la voz del corazón
Durante su escuela secundaria, Marie Hannah Seiler, de Victoria, Texas, recuerda el momento en la misa cuando ella cree que escuchó la voz de Dios llamándola a la vida religiosa. "Pero yo le dije: ‘De ninguna manera, Señor; yo no'." A ella le gustaban los chicos y quería casarse y tener hijos algún día.
"Dios me hablaba al corazón y yo no estaba lista", explica la Hermana Marie Hannah, quien ahora tiene 23 años y es novicia con las Hermanas Dominicas de Santa Cecilia en Nashville, Tennessee.
Las maestras de la Hermana Marie Hannah ya han reconocido su profunda comprensión de la fe. "Me encanta la teología. En la secundaria, mis amistades protestantes estaban entusiasmados con su fe. Yo no entendía por qué mis amistades católicas no sentían lo mismo. Fue mediante la comprensión de la fe que empecé a dejarme captivar por el Señor."
Después de la secundaria, ella vivía en su casa mientras asistía a la Universidad de Houston en Victoria. Durante ese tiempo fue que su vocación a la vida religiosa empezó a evolucionar.
"Me dí cuenta que yo quería ser una buena esposa y madre. Pero quería algo más. Quería algo en un plano espiritual. Dios me atraía hacia algo más específico."
En la universidad, conocí a las hermanas dominicas en la universidad de Texas A&M durante un programa de retiro "Awakening" [Despetar]. Allí sintió inspiración a través de la charla de la Hermana Catherine Marie sobre el discernimiento, donde la Hermana le contó a las estudiantes que ella había sentido gran deseo de casarse pero decidió ‘casarse con el Señor'.
Ese compartir inspiró la resolución de considerar la vida religiosa. Pero para hacerlo, la Hermana Marie Hannah sintió que era necesario dedicarse completamente a ese proceso. "Cuando uno sale con alguien, uno trata de ser como la persona con quien uno sale quiere que uno sea", dice. Por eso ella decidió no salir con nadie durante seis meses para averiguar quién era y explorar sus sentimientos hacia Dios y la vida religiosa.
Ahora en el noviciado, ella encuentra que su relación con amistades y familiares, "se han elevado a un plano más espiritual. En la casa, con mi familia y amistades, yo estaba con ellos todo el tiempo, pero no estaba presente realmente. Ahora, el tiempo que paso con ellos es importante. Eso nos a acercado mucho en nuestras relaciones. Ellos me hablan de sus necesidades espirituales. Nuestras relaciones ahora tienen una dimensión sobrenatural."
Mis padres siempre me apoyaron en todo lo que yo quise hacer. Permitieron que tomara mis propias decisiones. Creo que fue muy difícil inicialmente para ellos cuando se enteraron de que escogí la vida religiosa. Yo soy su hija mayor y tengo sólo una hermana. Pero ahora me apoyan completamente. Ven lo feliz que soy y la gran paz que tengo y eso les da gran alegría. Siento que he recibido muchas bendiciones.
Las Hermanas dominicas de Santa Cecilia empezaron en 1860, cuando la orden fundó una academia para la educación superior de las jóvenes. Hoy la congregación enseña a niños y jóvenes desde la pre-escolar hasta la universidad en 22 escuelas, en siete estados. Actualmente cuentan con 180 hermanas y 40 en el noviciado.
"La alegría fue lo primero que noté cuando vine a visitar a las dominicas", dice la Hermana Marie Hannah. "La alegría de las postulantes y la alegría de las hermanas que han estado aquí por 75 años."
Hay también retos. "Tenemos que reconocer los asuntos que surgen en nuestro camino que pueden causar problemas." Las postulantes tienen más tiempo para rezar y meditar sobre cómo enfrentarse a los obstáculos que les impiden vivir la vida religiosa plenamente. "Para mí, es duro pensar que no me casaré ni tendré hijos físicamente. Pero el Espíritu me dice que tendré más hijos espirituales de los que pueda manejar."
Un fuerte sentido de comunidad es uno de los elemento esenciales para la vida religiosa. Para las Hermanas de Santa Cecilia "la devoción a Nuestra Señora es parte de nuestra vida. Permanecemos fieles al carisma dominico." También conservan la Eucaristía en el centro y a Cristo como la fuente. Tenemos la adoración eucarística diariamente."
La Hermana Marie Hannah se viste con el hábito dominico, que ella dice: "muestra quién eres, y también que no tienes miedo de ser quién eres. Para mí es una señal de compromiso y fidelidad. Y le comunica a los jóvenes que la vida religiosa es radical. Si voy a hacer algo, voy a hacerlo completamente. Pienso que el hábito también es una señal de esperanza para el mundo. Hasta los niños pequeños reconocen que representamos algo sobrenatural, aunque llevamos con nosotros todas nuestras fallas humanas."
Ella comparte con otros cómo su anhelo de ser del Señor evolucionó poco a poco, un anhelo que la sostendrá en el curso de su vida como dominica. "No creo que nada me llenará plenamente excepto el Señor. Mi constante oración es, "Quiero conocerte mejor. Quiero darte todo lo que soy."
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