Doctora y Hermana – Distribuye
dosis doble de misericordia


Ser doctora y hermana le queda muy bien a la Hermana Karen Scheer de las Hermanas de la Misericordia. Ella está actualmente inscrita en la Universidad de George Washington en Washington, D.C., estudiando para obtener un diploma médico y una maestría en salud pública.

Nativa de la parte oeste de Filadelfia, la Hermana Karen, de 35 años, creció en Springfield, Pennsylvania. Una de sus primas era una hermana que se unía a su familia para las fiestas, muchas veces con otras hermanas de su comunidad religiosa. De niña, la Hermana Karen les preguntaba sobre su vida, ella cuenta: "Supongo que siempre tuve en mente la posibilidad de una vida religiosa para mí."

Ella conoció a las Hermanas de la Misericordia de la universidad de Gwynedd-Mercy en Pennsylvania y coordinaba las actividades estudiantiles allí. "Siempre me parecían que eran unas personas muy contentas y normales", ella dice. Los contactos personales la llevaron algunas veces a comer con la comunidad. Cuando tenía 19 años, ella empezó la dirección espiritual con una hermana de la misericordia, y se reunían mensualmente para dialogar sobre el llamado de Dios en la vida de Karen. Cuando tenía 26 años, ella decidió que entraría a la comunidad.

"Me hubiera unido a ellas antes, creo, pero tenía una idea errónea que debía estar muy segura de todo antes de entrar", ella cuenta. Un libro sobre la fundadora de las Hermanas de la Misericordia, Catherine McAuley, le dio el valor que necesitaba. "Leí que Catherine dijo una vez: ‘Tengo un deseo ferviente de casarme con Dios y servir a los pobres'. Eso resonó dentro de mí."

Las Hermanas de la Misericordia fueron fundadas en Dublín en 1831 y más tarde establecieron comunidades en Estados Unidos donde proporcionaban educación y cuidados de la salud. Hoy día, ellas trabajan en la educación, cuidados de la salud y servicios sociales por todo el mundo y en hospitales, escuelas y universidades por todo Estados Unidos.

Las amistades apoyaron a la Hermana Karen en su decisión de unirse a las Hermanas de la Misericordia. Muchas vivían en comunidades laicas, y ellas la entendían perfectamente. Le dieron su apoyo y le hicieron buenas preguntas. Estaban abiertas a mi decisión una vez que se enteraron que yo no ‘dejaría el mundo'." Fue más difícil para mis padres.

"Para ellos, lo más difícil de mi opción por la vida religiosa era que tenía que decir que no a la vida de matrimonio", recuerda la Hermana Karen. "Pero para mí, era una opción entre dos bienes—y no un no al matrimonio y a la familia. Hay tantas posibilidades magníficas para la vida de uno y Dios me estaba llevando a seleccionar donde encontraría mayor alegría en mi vida."

Mientras se familiarizaba con la comunidad, la Hermana Karen trabajaba en el norte de Filadelfia con los discapacitados físicos y mentales. "¡¡Simplemente me ENCANTÓ!!", ella dice. Se pasó cinco años trabajando en una clínica para pacientes con VIH, asistiendo a un médico y anticipando el llamado de la comunidad para volver a la universidad y graduarse de médico.

Antes de entrar a las Hermanas de la Misericordia, la Hermana Karen había obtenido una licenciatura en biología de la universidad de Gwynedd-Mercy y completado sus estudios de pre-medicina. Luego trabajó como científica en investigaciones neurológicas en la Universidad de Pennsylvania y con una compañía farmacéutica, pero encontró que la investigación estaba muy lejos de los servicios directos.

Aunque había considerado la medicina como posible carrera, ella dejó la idea a un lado hasta que su comunidad le tocó el punto. "Pienso que le tenía miedo a enfrentarme a una escuela de medicina. Tenía miedo de que no tendría éxito", admite la Hermana Karen.

"La vida religiosa me ha hecho más apta para ser todo lo que puedo ser. No puedo creer todo lo que mi comunidad ha hecho para que yo pueda estudiar medicina hoy. Ellas confirman mi creencia de que yo no estaría aquí hoy si no fuera parte del plan de Dios para mí."

La Hermana Karen pertenece a una asociación de mujeres y hombres religiosos que son médicos. Ella no lleva hábito, pero cada vez que es apropiado se identifica como religiosa mientras ejerce la medicina.

"Hay cierta confianza automática cuando el paciente sabe que soy una hermana, aunque no vayan a la iglesia", ella observa. El hecho de que es religiosa afectó a la junta de admisiones cuando buscaba inscribirse en el programa de medicina.

"Les dije que quería estudiar medicina para servir a los pobres y ellos sabían que eso era cierto porque soy Hermana de la Misericordia."

Después de su graduación, ella espera regresar a la clínica de VIH del barrio marginado o tal vez usar su preparación médica para ayudar con proyectos de su comunidad para prestar auxilios en África.

"Pero si me necesitan en cualquier otro sitio, allí iré", dice la Hermana Karen. "La medicina ha surgido porque soy una Hermana de la Misericordia", añade. "Convirtiéndome en médico es la mejor manera de llevar misericordia a otros."




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