A los 15, sentir que el Amor
de Dios es eterno


Para la hermana benedictina Erin Ryan, de 26 años, sentir a Dios en el mar la impulsó a la vida religiosa. "Yo tenía 15 años y la familia estaba acampando en Carolina del Sur", dijo la Hermana Erin. "Estábamos prácticamente en el mar. Relámpagos de calor llenaban el aire. Miré hacia el mar con los relámpagos esparciéndose por todo el cielo. Sentí que si caminaba hasta donde el mar me tapara, no me ahogaría sino que sentiría amor y seguridad porque Dios estaba allí. Sentí que Dios me decía: ‘Siempre estarás segura y yo estoy en todas partes.' Desde entonces, sentí que Dios me ama muchísimo."

Originalmente de Winston-Salem, Carolina del Norte, Erin creció en un área con una comunidad católica pequeña. Tenía pocos contactos con hermanas católicas y no tenía ninguna idea de lo que era un convento. Pero su fe era central a su vida. "Dios siempre fue importante para mí", ella dijo. "Cuando llegué a mi adolescencia, me atraía la idea de una vida de oración, pero no pensé concretamente en cómo vivirla hasta después de graduarme de la universidad."

Mientras estudiaba literatura en la Universidad de Carolina del Norte en Ashville, Erin pasó un verano en la Universidad de Oxford en Inglaterra y vivió en una Casa Benedictina para Estudiantes. Allí conoció a una estudiante que completaba su doctorado sobre religión en la Edad Media y las dos empezaron a conversar sobre teología. "No sabía nada sobre teología entonces, y encontré que nuestra conversación era fascinante", ella dijo. "Quería saber más."

Después de su graduación de la Universidad de Carolina del Norte, se inscribió en la Universidad Benedictina de St. John en Minnesota para hacer estudios graduados sobre la historia de la Iglesia. En St John ella vivió la experiencia de comunidad por primera vez y sintió que sus deseos intelectuales y personales estaban muy en armonía con la vida monástica.

"Después de estar en St. John por un semestre, ya sabía que quería ser benedictina a causa de la liturgia y la comunidad. También conocí a otras benedictinas que eran académicas profesionales y escribían y viajaban. Todo lo que era importante para mí se vivía en aquella comunidad de manera profunda e intensa", ella dice. Descubrió allí que el modo de vida benedictino le permitía estudiar, escribir y seguir a Dios. Antes de viajar durante unas vacaciones escolares, ella pidió información sobre las comunidades benedictinas en EE.UU. a la revista Vision. Cuando regresó, encontró 40 cartas esperándola. "Las organicé en montones por áreas", nos cuenta, "y luego decidí visitar ocho monasterios."

Una experiencia final confirmó la decisión de Erin de hacerse benedictina. "Después del primer semestre en St John, en el otoño de 1997, regresé a mi casa para las vacaciones de Navidad y sentí con certeza que la vida benedictina era lo que yo quería porque me hacía tanta falta", ella cuenta. "La liturgia de las horas me hacía mucha falta, echaba de menos la comunidad y anhelaba estar con ella y vivir la tradición monástica. Fue la ausencia de esa vida lo que me convenció que la necesitaba."

Las benedictinas son una de las formas más antiguas de la vida religiosa comunitaria en la Iglesia. Las comunidades benedictinas han existido por 1,500 años, creando una vida enfocada en la oración, el silencio, el trabajo y la sencillez. Los miembros de la orden hacen profesión de pobreza, castidad y obediencia. Algunas benedictinas viven en clausura, pero muchas trabajan en escuelas y en otros campos de búsqueda intelectual.

Los benedictinos vinieron a Estados Unidos de Eichstatt, Baviera. La primera comunidad de mujeres benedictinas en EE.UU. fue fundada en St. Mary, Pennsylvania en 1852. La comunidad donde está la Hermana Erin, en Kansas, fue fundada en 1863. Hoy día hay 219 monjas benedictinas en la comunidad.

Por ser una persona en formación, la Hna. Erin ha dado charlas en las escuelas sobre su vida como religiosa. Ella habla sobre los retos de tomar decisiones para toda la vida. Ella asegura a los estudiantes que escoger la vida religiosa significa abrazar algo completamente y no sólo renunciar a algo.

"Todos tenemos que tomar decisiones y cuando uno decide algo, excluye otras opciones", ella dice. "Si te casas con alguien, no puedes casarte con otra persona. Sólo tienes que decidirte en algún punto de tu vida, luego sigue la decisión que tomaste. Creo que tus dones no pueden crecer a menos que escojas la dirección en que quieras crecer. Si tratas de entrar por todas las puertas que están abiertas, nunca entrarás por ninguna para ver lo que hay en la sala."




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