Fue inspirada a los nueve años


Para la niña de nueve años Isabel Brazero, un momento lleno de gracia ocurrió en una capilla mientras su familia participaba en la consagración de los laicos durante un retiro con las Hermanas Marianas de Schoenstatt.

"En nuestros votos de amor por la Madre de Dios, le damos nuestro corazón, conocimiento, energía, entusiasmo y deseo de servir la Iglesia. De vuelta, esperamos recibir de ella todas las gracias que ella puede mediar entre Dios y las bendiciones que recibimos por medio de ella", explicó la Hermana Isabel. Conmovida por la experiencia, ella recuerda: "Pensé que tal vez algún día yo podría ser la persona que ayudara y partiera instrucción en el retiro."

Ahora con 28 años, la Hna. Isabel Brazero dirige retiros para las Hermanas Marianas de Schoenstatt. Ella es miembro de un instituto secular, una forma de vida consagrada relativamente nueva dentro de la Iglesia católica.

Los institutos seculares están abiertos a hombres y mujeres laicos que se sienten llamados a consagrar su vida a Dios mediante las promesas de pobreza, castidad y obediencia. Ellas desean vivir su vida de servicio que proporcione una presencia transformadora en la sociedad. Los miembros viven en comunidad o en la sociedad, con hábitos o ropa secular. Se pueden o no tomar votos formales, dependiendo de la regla del instituto.

"Las Hermanas Marianas de Schoenstatt, fueron fundadas en Alemania en 1926, practican un asceticismo mariano laico como el medio para crecer en amor por Dios", nota la Hermana Isabel. Fueron reconocidas como un instituto secular en 1948. En la década de 1970, una comunidad de Schoenstatt se estableció en Puerto Rico, al sureste de San Juan.

"Aquel día", dice la Hermana Isabel, recordando el retiro al que ella asistió de niña: "yo hice una promesa especial a María. Le di mi juventud. Por eso, ella permitió que pudiera ver a Dios obrando en mi familia. Vi un cambio en la casa, "un milagro de transformación, una verdadera vida cristiana."

En la adolescencia de Isabel la escuela, los amigos y las compras llenaban los días. "Cuando tenía 13 años, pensaba que iba a estudiar y hacer una carrera profesional. Podía ser una maestra o un abogado", dice ella.

"Cuando terminé la secundaria tuve que decidir el camino que iba a tomar. Mis padres estaban indecisos cuando les dije que quería ser religiosa. Se pusieron tristes porque yo era la más joven y la única hija. Mis dos hermanos mayores ya se habían marchado del hogar para ir a la universidad en Estados Unidos. Pero, también estaban muy contentos porque había decidido por Dios. Ellos conocían la gente, la comunidad y la espiritualidad".

Durante los últimos nueve años, la misión de la Hermana Isabel había sido llevar la presencia de Dios mediante una vida cristiana. Como Hermana de Schoenstatt, ella vive en comunidad, lleva un hábito y ha tomado votos. Ella se une a otras hermanas ofreciendo retiros para familias y jóvenes.

Cuando no trabaja en retiros, la Hermana Isabel asiste a la Universidad de St. John en Jamaica, Nueva York, y trabaja para un diploma en teología y filosofía con una especialización secundaria en educación.

La Hermana Isabel anima a los jóvenes para que ellos puedan servir a Dios. "Los jóvenes deberán hacer el esfuerzo para tratar de saber más", ella dice. "Es el deber de los jóvenes investigar por sí mismos. Ellos deberán preguntarle a otros que sepan lo que es la Iglesia católica y la vida religiosa." Ella también ofrece otras sugerencias:

"Yo le digo a los jóvenes, ‘que empiecen a considerar lo que deben amar, disfrutar y preservar. Concéntrate en amor a Dios.

‘"Permanece en contacto con la gente que ha clarificado las preguntas para ti. Eso debería ser para ti la puerta a Dios. Eso les dará una cierta libertad para cumplir los compromisos y deberes'".

"Investiga lo que es", ella les dice a quienes se cuestionan sobre una vocación a la vida religiosa. "Hagan un retiro. Asistan a un fin de semana de servicio comunitario."




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