Vayan y Hagan Discípulos - ¿Por Qué Evangelizamos?

28. Debemos evangelizar porque el Señor Jesús nos lo pidió así. Él dio a la Iglesia la tarea eterna de evangelizar como una fuerza sin descanso, para exaltar y estimular todas sus acciones hasta que todos los pueblos hayan escuchado su Buena Nueva y hasta que cada persona se haya convertido en su discípulo.15
29. El Señor nos ordenó evangelizar porque la salvación se ofrece a cada persona en él. Además de ser santo y profeta, Jesús es la Palabra de Dios Encarnada,16 la verdadera huella,17 el poder y la sabiduría de Dios.18 Él es nuestro Salvador. Haciéndose como nosotros y aceptando nuestra naturaleza humana,19 él enfrenta en sí mismo, en su muerte y resurrección, lo quebrantado de nuestras vidas. Él sufre a través de nuestro pecado, siente nuestro dolor, conoce la sed de nuestra muerte; él acepta los límites de nuestra vida humana llevándonos más allá de esos límites. "Se humilló y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte en una cruz. Por eso Dios lo engrandeció".20 Enfrentándose con nuestra muerte como Salvador, Jesús resucitó a la vida. En Cristo todos llegamos a conocer que el pecado, la frialdad, la indiferencia, la desolación y la duda de nuestras vidas son vencidos al encontrarse Dios con nuestra naturaleza humana y al llevarnos a una vida nueva. En él, y sólo en él, está la promesa de resurrección y vida nueva.
30. Evangelizamos porque hay que llevar al mundo la salvación que Jesús, el Señor, ofrece dentro y a través de la Iglesia. Mientras que reconocemos que la gracia de Dios está misteriosamente presente en todas las vidas, el mundo a menudo resiste esta gracia. Rechaza el cambio y el arrepentimiento. Evangelizamos para que la salvación de Cristo Jesús, la cual transforma nuestras vidas humanas, traiga al mayor número posible de personas a la vida prometida de eterna felicidad en el cielo.
31. Jesús nos ordenó evangelizar también para traer esclarecimiento y rescatar al mundo del error. El Señor Jesús, "el camino, la verdad y la vida",21 vino a nosotros como un maestro, que abre a la sabiduría, que no sólo conduce a la vida eterna sino que también lleva a la realización humana, que refleja la dignidad y el misterio de nuestra naturaleza. A menos que las personas se percaten de la grandeza para la cual han sido creadas, no les será posible alcanzar su plenitud y su vidas estarán incompletas. Tampoco sabrán que son llamadas a la unión interpersonal con Dios y con cada una. La unión íntima que Jesús reveló en su vida, ser uno con el Padre22 y regocijarse en el Espíritu Santo,23 puede colmar nuestras vidas. Esta es la unión en la cual Jesús desea que todos compartamos,24 una unión cuya realización trae gran paz a pueblos, familias, sociedades y al mundo entero. La evangelización nos abre a la sabiduría de Cristo y a la unión personal con Dios y los demás.
32. El Señor nos dio un mensaje único. Todas las religiones no son simplemente versiones diferentes de una misma cosa. Conocer a Cristo Jesús y pertenecer a su Iglesia no es igual que creer en cualquier cosa y pertenecer a cualquier comunidad. El Papa Juan Pablo II ha indicado que, "A la par que reconoce que Dios ama a todos los hombres y les concede la posibilidad de salvarse (cf. 1 Tim 2:4), la Iglesia profesa que Dios ha constituido a Cristo como único mediador y que ella misma ha sido constituida como sacramento universal de salvación".25 El clamor especial de nues-tro mensaje no niega la sinceridad y la fe de otros; al mismo tiempo, la sinceridad y la fe de otros no detraen a la claridad ni a la veracidad de nuestro mensaje. Tal como nos lo recuerda el Papa Juan Pablo II, "Es necesario . . . mantener unidas estas dos verdades, o sea, la posibilidad real de la salvación en Cristo para [toda la humanidad] y la necesidad de la Iglesia en orden a esta misma salvación. Ambas verdades nos ayudan a comprender el único misterio salvífico".26
33. Finalmente, el Señor nos dio una razón más para evangelizar: nuestro amor por cada persona, cualquiera sea su situación, idioma, condición física, mental o social.
Ya que hemos experimentado el amor de Cristo, lo queremos compartir. Los dones de Dios no son para ser guardados con nosotros. Como una gran redada de peces,27 o una medida apretada y rebosante de harina,28 nuestra fe hace que nuestros corazones rebosen del deseo amoroso de llevar a todos los pueblos al Evangelio de Jesús y a la mesa de la Eucaristía. Así como el deseo de Jesús era de reunir a todo Jerusalén, "como la gallina recoge a sus pollitos",29 así nosotros también queremos reunir al mundo en el Reino de Dios proclamando el Evangelio "hasta los límites de la tierra".30
- Mateo 28:18-20.
- Juan 1:1; 1:14.
- Hebreos 1:3.
- 1 Corintios 1:24.
- Filipenses 2:7.
- Filipenses 2:8-9.
- Juan 14:6.
- Juan 14:10.
- Lucas 10:21.
- Juan 17:21.
- La Misión de Cristo Redentor, Nº 9.
- Ibíd.
- Lucas 5:6.
- Lucas 6:38.
- Mateo 23:37.
- Hechos 1:8.