Un Microcosmos Global

Los muchos rostros de la Iglesia
Católica en Estados Unidos

Por Joseph A. Fiorenza
AMERICA, 20 de noviembre 1999
Copyright America Press 1999


El Mons. Joseph A. Fiorenza es obispo de la Diócesis de Galsveston-Houston, Texas, y es presidente de la Conferencia Nacional de Obispos Católicos de Estados Unidos.


En los últimos dos milenios el mensaje de Cristo ha llegado a todos los continentes de la tierra. En las vísperas del tercer milenio, la Iglesia en Estados Unidos reconoce que se ha convertido en un microcosmos de la Iglesia universal, en un cuerpo complejo y múltiple en el cual las diferencias raciales, étnicas y lingüísticas son bienvenidas

Este hecho se debe en gran parte a la continua emigración, la cual aporta al país un promedio de 300,000 católicos anuales, cifra que equivale al tamaño de una diócesis mediana. Y en estas estadísticas tan sólo cuentan los emigrantes con documentos.

Cuando Estados Unidos se constituyó como nación hace 200 años, el número de católicos era muy reducido. Muchos de ellos eran aristócratas, personas como la familia Carroll, en cuyo honor el condado de Carroll, en Maryland, lleva su nombre. La Familia Carroll dio a los Estados Unidos su primer Obispo, al igual que uno de los signatarios de la Declaración de Independencia, Daniel Carroll, primo del obispo Charles Carroll, y uno de los dos católicos firmantes de la Constitución de Estados Unidos.

Estos primeros católicos y sus menos afortunados contemporáneos en Maryland y en los territorios cercanos al Norte y al Sur, lucharon por la libertad religiosa, pero en general mantuvieron en privado sus expresiones de fe. La Iglesia de 1789 en los Estados Unidos de América estaba compuesta por una diócesis- Baltimore- la cual contaba con 35 sacerdotes para
atender a 35,000 feligreses, los cuales representaban menos del uno por ciento de la población total del país. El número de fieles católicos creció vertiginosamente en la primera mitad del siglo XIX, cuando el Valle del Mississippi, La Florida, Texas, California y el Suroeste fueron anexados a Estados Unidos. Nuevas diócesis se fundaron en estos territorios para atender a los miles de católicos allí presentes, muchos de los cuales eran de origen hispano y afroamericano.

A lo largo del siglo XIX y comienzos del XX, la inmigración procedente de Europa aportó a los Estados Unidos una gran cantidad de hombres y mujeres llenos de esperanza y con gran capacidad para el más duro trabajo. Sin embargo, estos nuevos inmigrantes fueron recibidos con sospecha y tuvieron que lidiar con discriminación religiosa. Fuertes de carácter como eran, los nuevos inmigrantes desarrollaron un orgullo resistente. A pesar de ser pobres y víctimas de desprecio, estos inmigrantes americanos construyeron catedrales espectaculares, como la de Nueva York y la de San Luis. A diferencia de los católicos del periodo colonial, muchos de los recién llegados se expresaban por medio de coloridas procesiones y llevaron su fe a la plaza pública. Siendo discriminados en las escuelas, y teniendo un acceso limitado a los sistemas de salud, también construyeron sus propias escuelas y hospitales. Esta afluencia de inmigrantes, aunada al incremento natural de la población y la anexión de nuevos territorios, provocó tal crecimiento que, para 1900, la diócesis única de 1789 se había convertido en 75 diócesis con 9,100 sacerdotes que atendían a 12 millones de católicos, los cuales formaban para entonces, más o menos, el 16 por ciento de la población total de la nación.

El establecimiento de un sistema de escuelas parroquiales creó una revolución social y lanzó a los católicos al éxito económico. Los hijos de trabajadores comunes se convirtieron en maestros, abogados y médicos. Los hijos e hijas de las personas que limpiaban las mansiones de las élites, y eran los chóferes de los gobernadores de la nación, acabaron mudándose a esas mismas mansiones. Semejante progreso llevó a los católicos a estar menos a al defensiva y les permitió ampliar sus horizontes sociales y políticos.

En 1999, contamos en Estados Unidos con 192 diócesis. Juntas reúnen un total de 47,000 sacerdotes que sirven a unos 60 millones de católicos, los cuales forman aproximadamente una cuarta parte de la población total del país. Es interesante destacar que el crecimiento continuó a pesar de que las leyes de inmigración entre 1920 y 1960 restringieron la inmigración.

La más reciente transformación ha sido causada por una nueva ola de inmigrantes que llegan a fines del siglo XX, como resultado de los cambios hechos a las leyes de inmigración en la década de los sesentas. Con estos cambios se abrieron las fronteras de los Estados Unidos a inmigrantes no europeos. La Iglesia celebra todos estos hechos de su historia al acercarse al año jubilar del 2000. Es necesario también analizar las implicaciones de este desarrollo.

Los emigrantes de hoy en día tienen las mismas esperanzas y la misma capacidad de trabajo fuerte de los inmigrantes europeos que vinieron antes que ellos. Se dan, sin embargo, diferencias, ya que muchos de ellos personas de color procedentes de América Latina, el Caribe, Asia y África. Junto con los afroamericanos, los cuales han sido parte de la composición social del país por generaciones, y los nativo-americanos, algunos de los cuales encuentran sus raíces en la fe, en esta tierra, desde el siglo XV, la gente de color muestra vívidamente que hay muchos rostros en la casa de Dios.

La Iglesia Católica en Estados Unidos está planeando una gran celebración de esta realidad diversa del 6 al 9 de Julio del año 2000 en la ciudad de los Angeles. Este evento, atinadamente nombrado "Muchos rostros en la Casa de Dios: Encuentro 2000" será encabezado por los Católicos de herencia Hispana y convocará a personas provenientes de todos las herencias culturales para planificar la Iglesia del tercer milenio.

En la actualidad, cerca de una cuarta parte de los Católicos en Estados Unidos tienen sus raíces en continentes distintos de Europa. Gran parte de este grupo lo forman los Hispanos procedentes de América Latina y del Caribe, cuya presencia se extiende de costa a costa. El mayor número de ellos se encuentran en la Arquidiócesis de Los Angeles, seguida por las de Miami, Nueva York y mi propia diócesis, la de Galveston-Houston. Otras diócesis situadas en California, Texas y el Estado de Nueva York, cuentan con un gran número de hispanos, al igual que la Arquidiócesis de Chicago. El año pasado, los Hispanos constituyeron el 10 por ciento de todas las ordenaciones sacerdotales realizadas en Estados Unidos. La Conferencia Nacional de los Obispos Católicos de Estados Unidos cuenta con un total de 400 obispos, de los cuales 24 son de origen Hispano.

El segundo grupo de color en los Estados Unidos lo forman los Áfrico Americanos, de los cuales más del 9 por ciento son católicos. Esto significa que los Áfrico Americanos constituyen el 3.7 por ciento de la Comunidad Católica en los Estados Unidos. Entre ellos también se cuenta a fieles procedentes de Haití y de otras Islas del Caribe que tienen raíces africanas, así como a quienes han inmigrado recientemente de la misma África. El año pasado, el dos por ciento de los sacerdotes ordenados en Estados Unidos fueron de origen Africano o Áfrico Americano. El mayor número de los católicos de origen Áfrico Americano viven en las arqui/diócesis de New Orleans, Brooklyn, Chicago, Washington, Lafayette, LA., Baltimore, St. Louis, Phildelphia Houston, y Louisville, KY. La Conferencia Nacional de los Obispos Católicos cuenta con 14 Obispos de origen Áfrico Americano.

Los católicos de origen asiático, provenientes sobre todo de Filipinas y de Vietnam, forman el tercer grupo de color mayoritario y constituyen cerca del 2.6 por ciento de los católicos en los Estados Unidos. Cerca de un millón de personas forman esta comunidad, la cual aportó el 9 por ciento de las ordenaciones sacerdotales del año pasado, siendo muchos de ellos de origen vietnamita.

Encontramos también entre nosotros otros católicos de origen asiático y de las Islas del Pacífico. El grupo mayor se halla en Honolulu, en donde conforman el 44 por ciento de la diócesis. También existe un gran número de católicos de origen asiático en diócesis de California, Nueva York, Texas y Virginia. No contamos hasta ahora con ningún representante de estas comunidades en la Conferencia Nacional de los Obispos Católicos. Espero con anticipación el día en que contemos con representantes de estas comunidades, las cuales siguen creciendo en número y en vocaciones sacerdotales.

Los Nativo Americanos forman un poco más del 0.5 por ciento de la Iglesia Católica en Estados Unidos. Sin embargo, 2 por ciento de los sacerdotes ordenados en 1999 son de origen Nativo Americano. Dos miembros de nuestra Conferencia de Obispos Católicos reafirman su herencia Nativo Americana.

Cada uno de estos grupos étnicos y raciales tienen una vibrante cultura espiritual. Esto se muestra muchas veces en la Misa, donde la música procedente de diversas fuentes culturales enriquece la oración de la comunidad. Algunos de estos himnos forman parte de los servicios
eclesiales incluso en parroquias en las cuales un grupo étnico determinado no es el predominante. El himno espiritual Negro "Were You There?" se escucha tanto en parroquias urbanas como suburbiales a lo largo y ancho del país cada Semana Santa. "Pan de Vida" un popular himno en español, ofrece una muestra de enseñanza del lenguaje a quienes van a Misa, y cuyo español se limita a lo que puedan ordenar de menú.

El verano pasado fui testigo del crecimiento de nuestra diversidad cultural demostrada en el evento Justicia Jubilar celebrado en Los Angeles. Allí se reunieron 3,200 católicos para reflexionar sobre la enseñanza social de la Iglesia y para renovar su compromiso en hacerla realidad. Entre las figuras destacadas de este evento se encontraban el obispo Wilton Gregory, obispo Áfrico Americano de Belleville, Ill, y vicepresidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos. La Hermana Marie Chin, de origen Chino-Jamaiquino, superiora general de las Hermanas de la Merced, la congregación religiosa femenina más grande en los Estados Unidos. El Reverendo Virgilio Elizondo, Hispano Americano, fundador del Centro Cultural México-Americano en San Antonio. Mons Ray East, un liturgista de origen Áfrico Americano, procedente de Washington, D.C. Anfrew y Terry Lyke, coordinadores del Ministerio Pastoral Matrimonial entre Áfrico Americanos de la Arquidiócesis de Chicago. La Hermana Anita de Luna, miembro de las Misioneras Catequistas de la Divina Providencia y ex presidenta de la Conferencia de Líderes de Mujeres Religiosas. Y, finalmente, Alexei Torres, Directora Ejecutiva del Ministerio Juvenil para la Paz y la Justicia de la Arquidiócesis de Nueva York. Su presencia como líderes eclesiales manifestó visiblemente la complexión cambiante
de la Casa de Dios en Estados Unidos.

Los cambios vienen, sin embargo, con retos y tensiones. Este cambio en el rostro de la Iglesia de Estados Unidos nos lleva a considerar las siguientes tareas:

Nos ha tocado vivir un momento emocionante. Estamos siendo enriquecidos por las tradiciones vibrantes de pueblos con una larga historia religiosa, y retados por cuestiones de justicia social sin precedentes que afectan a nuestras familias. El próximo mes de Julio, líderes parroquiales y diocesanos procedentes de una gran variedad de grupos étnicos y raciales, incluyendo aquellos que se han asimilado de tal manera que han perdido su sentido de identidad étnica, nos reuniremos en Los Angeles. Este será el momento propicio para lanzar a nuestra Iglesia hacia el tercer milenio, celebrando nuestra herencia cultural y desarrollando estrategias que hagan avanzar la misión común de la Iglesia en el culto, la evangelización, el servicio, y la acción por la justicia . Espero que cada diócesis envíe una gran delegación procedente de sus parroquias al Encuentro 2000 en Los Angeles. Así ayudarán a la Iglesia en Estados Unidos a recibir al nuevo milenio y a estar preparada para servir a los diversos miembros de nuestras parroquias e instituciones, los cuales son el maravilloso regalo de Dios para esta nación y para nuestra Iglesia.




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Encuentro 2000
United States Conference of Catholic Bishops
3211 4th Street, N.E., Washington, DC 20017-1194 (202) 541-3413